Sindicalismo y género


Ante una nueva arremetida neoliberal contra la clase trabajadora de Costa Rica, por parte del gobierno de los empresarios, se vuelve cada vez más evidente que las y los trabajadores debemos organizarnos para garantizar nuestros derechos laborales; incluso aquellos que ya asumimos adquiridos hace ya varias décadas. La pandemia global del covid-19 no ha hecho otra cosa que hacer más evidente la deuda que tienen de los estados burgueses con la clase trabajadora, la espina dorsal de la sociedad capitalista.

Como si no fuera suficiente con el irrespeto cotidiano de la clase política vendida al empresario y al imperialismo, que se hace la vista gorda ante un sin fin de injusticias (en condiciones pre pandémicas), ahora con el covid-19 reluce por su crueldad. Por ende ante la realidad de que el gobierno es para y por los capitalistas, la clase trabajadora debe buscar velar por sus intereses como una unidad a través de la organización conjunta. El gobierno del bicentenario no ha hecho más que acatar las directrices de la UCCAEP y entidades crediticias internacionales (como el Banco Mundial), que en la historia reciente han promovido activamente los recortes en diferentes áreas del sector público en pos de las políticas de “austeridad”, esto implica el sistema de salud y educación, entre otros servicios sociales. Esto de la mano con la promulgación de políticas antiobreras que limitan la capacidad de acción legal de la clase trabajadora, como el proyecto de ley anti huelgas que conmocionó al país en el 2019. Ahora con esta pandemia la clase trabajadora está cobrando esta deuda (con sus impuestos y) con el desfinanciamiento paulatino hacia la CCSS, el Pani, el INAMU, la educación, entre otros.


¿Por qué sindicalizarse?


Ante la coyuntura del covid-19 estas condiciones se han profundizado, principalmente por lo permisivo que se ha vuelto el gobierno ante los incumplimientos de contratos y derechos laborales incurridos por la patronal. Se debe exigir la prohibición de los despidos (cifra que se ha disparado ante la pandemia) y el cese de las irregularidades en las relaciones laborales en cada centro de trabajo. Irregularidades como las suspensiones de contratos laborales, la reducción de horas de trabajo, el adelanto involuntario de vacaciones, etc. como si no hubiesen familias trabajadoras enteras dependiendo de estos salarios para la subsistencia. ¿Qué se pretende que pase con estas personas? ¿Qué van a comer? Lastimosamente parece que la respuesta a esta última pregunta por parte del gobierno y el empresariado es: mierda.

Ante una sentencia tan clara por parte del gobierno y los empresarios, debemos unificar los intereses de todos y todas las trabajadoras de cada centro de trabajo, golpeando así con un solo puño demostrando el poder, preponderante, de la fuerza de trabajo en toda empresa. Esto debemos hacerlo sin recurrir en la negociación pasiva entre una cúpula de trabajadores montados en la dirección sindical, el gobierno y la patronal. Esta, la fórmula típica de las burocracias sindicales reconocidas por vender la lucha de las bases que integran organizaciones de las y los trabajadores asociados para mantener una serie de privilegios para sí mismos. La organización sindical debe ser para y por todos y todas las trabajadoras del centro de trabajo, cuyas exigencias no sean menguadas por una dirección pasiva, debemos promover un sindicalismo combativo ante la arremetida de los empresarios y el gobierno de los capitalistas.


¿Cómo le afecta a las mujeres esta situación?


Para el IV trimestre del 2019, el porcentaje de la fuerza de trabajo femenina superó el 80% (según el INEC), lo que quiere decir que sumado a las problemáticas señaladas anteriormente, los desequilibrios estructurales entre los géneros se dispara. Se puede observar la persistencia de desigualdades salariales entre hombres y mujeres, los altos índices de violencia sexual y doméstica, escasos avances en la división sexual del trabajo doméstico y de educación de les hijes, la negación de los derechos sexuales y reproductivos plenos, por ejemplo con la penalización del aborto y el tráfico y la trata de mujeres y niñas, entre otras problemáticas que se presentan de manera más cotidiana para las mujeres de las clases más desposeídas. Esto sin hablar de aquellas mujeres que tienen condiciones irregulares de vivienda, o el creciente número de madres solteras, las mujeres migrantes y demás, que son parte de un proceso a largo plazo de la feminización de la pobreza a nivel mundial y del cual Costa Rica no se escapa. Incluso aquellas mujeres de clase trabajadora que hoy en día se encuentran realizando labores de teletrabajo no se ven exentas de la violencia machista estructural. Por ejemplo, con el aumento abismal de la violencia doméstica desde declarada la cuarentena, las mujeres en situaciones de violencia se ven obligadas a convivir con sus agresores. O incluso por el cierre de instituciones educativas también deben cumplir con su doble jornada laboral y doméstica de manera simultánea resultando en condiciones nada óptimas para el cumplimiento de sus metas laborales (afectando una vez más la brecha de género). Esto no es para decir que algunos padres no se encuentran en condiciones similares a la narrada anteriormente, pero la problemática afecta mucho más a la población femenina. Con el aumento de los gastos en servicios provocados por el uso ininterrumpido de las instalaciones del hogar, la cuarentena no ha aligerado la carga a muchas mujeres trabajadoras de Costa Rica. ¿En qué se beneficiaría un sindicalismo con perspectiva de género? La necesidad de ejercer un sindicalismo con perspectiva de género radica en el reconocimiento de estas mujeres, que como cualquier hombre se parten el lomo para mantenerse así mismas y a su familia, no solo existen sino que existen por montones. Esto quiere decir la visibilización de todas las particularidades de la explotación capitalista hacia las mujeres trabajadoras, y la lucha permanente para su erradicación. O sea que el sindicalismo debe enriquecerse conceptualmente a través del feminismo, y a su vez debe engrosar las filas del movimiento de mujeres.

Dejemos de lado la discusión rancia de que la adopción de la perspectiva de género en los movimientos obreros divide de alguna manera la lucha, o lo contrario, de que la organización feminista debe buscar una alianza de género y no de clase. Ambas de estas perspectivas se vuelven obsoletas ante la realidad material de la mayoría de las mujeres trabajadoras encuentran mayor similitud entre sus condiciones y la de los compañeros de clase, que con las mujeres de las clases altas. Por esto último las

mujeres trabajadoras no nos vemos beneficiadas con las políticas de colaboración de clase, que tradicionalmente anteponen sus agendas ante las necesidades de las trabajadoras. Un sindicalismo que enarbole las banderas del feminismo permitiría poner en el centro los intereses de las mujeres obreras para así solventar: los problemas de la doble jornada laboral, la brecha salarial, protocolos efectivos para la denuncia de violencia sexual y físisca, el cuido de les niñes, los altos costos de vivienda, el acceso a derechos sexuales y reproductivos plenos, entre tantos otros temas, muchos mencionados anteriormente. Nosotras, el proletariado, debemos organizarnos para garantizarnos, como lo hicieron millones de mujeres antes que nosotras, las condiciones óptimas para vivir como mujeres y como trabajadoras en esta sociedad capitalista y patriarcal. En cada sindicato debemos promover una comisión dedicada a la condición de la mujer, integrado por mujeres trabajadoras, que vele por que nuestra agenda ante reaccionarios machistas y explotadoras oportunistas que se quieran apropiar de nuestra lucha. Ningún derecho ha caído del cielo, por todos se ha luchado




¡Por un sindicalismo combativo y feminista!

¡Por un feminismo de clase!

¡Que la crisis la paguen los capitalistas!


Escrito por

D. Torcas.

87 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo