Por una segunda Conferencia latinoamericana y de los EEUU.

Actualizado: mar 29

Roberto Sánchez Moreno.


Juventud Obrera participó activamente de la primera Conferencia Latinoamericana y de los EEUU, convocada por el Frente de Izquierda y de los Trabajadores- Unidad de Argentina, conferencia en la que participaron más de 60 agrupaciones políticas y con presencia en 16 países. Incluso más, la conferencia resultó un impulso adicional para la formación de nuestra agrupación, bajo el entendido que precisamos de una delimitación crítica, y no de una unidad oportunista y sin principios, que clarifique el lugar político de cada grupo, y avance en la claridad por una alternativa verdaderamente revolucionaria. A la participación activa durante la Conferencia, a la campaña por su concreción y a la realización de las acciones allí votadas, le añadimos la edición de un documento político como contribución a los debates, editado junto a otras organizaciones del continente.


El presente pronunciamiento hace un llamado a las organizaciones que se reivindican de izquierda revolucionaria, independientes y antiimperialista, en especial a aquellas que ya participaron de la Conferencia anterior, con la finalidad de desarrollar un debate abierto para lograr construir un frente único de lucha a escala continental. Esta es la única salida para superar los desafíos del presente momento histórico, en que se ha acentuado la crisis de dirección del proletariado, a la vez que se agudiza la tendencia al colapso del propio capital.


La lucha continental y su vigencia.


Nos encontramos en una etapa de choques entre potencias, rebeliones y ofensivas capitalistas. Las rebeliones tuvieron su inicio en 2019. A pesar de la irrupción de la pandemia y la desmovilización promovida por los gobiernos de todos los arcos políticos, la vigencia de la irrupción popular se encuentra a la orden del día. En el caso particular latinoamericano, la rebelión ha tenido un impacto notable.


En Bolivia hemos visto la resistencia de un pueblo que logró contrarrestar el golpe de Estado que se realizó con el aval de todo el Grupo de Lima, y la complicidad del resto de naciones latinoamericanas. La gran movilización y los cortes de ruta fueron la verdadera causal del llamado a elecciones, y no la pasividad presentada por parte del MAS y en particular de Evo Morales, que llamó a una pacificación con los sectores golpistas.


En el caso de Chile llevó al apruebo del plebiscito, un triunfo del movimiento popular que comenzó aquel 18 de octubre con el famoso “no son 30 pesos, son 30 años”. No obstante, las problemáticas respecto al plebiscito no acabaron con su aprobación, sino que apenas comenzaron. Las trabas que se le impusieron a la Convención para lograr ejecutar reforma alguna muestran la planificación del propio Piñera, que le brindó una estructura reaccionaria a la propia Convención. La falta de solución que brindará el proceso constituyente podrá servir de yesca para nuevos procesos de lucha.


La crisis política que se ha desarrollado en Perú desató un verdadero golpe de Estado, y tras la destitución de Martín Vizcarra, múltiples cambios presidenciales y el auge de la lucha en las calles. El cuadro se completa con la lucha contra el FMI en Ecuador y las movilizaciones en Colombia contra el gobierno de Iván Duque, a las que ahora se suma Paraguay, por el fin del odiado gobierno.


Estas movilizaciones renovaron sus bríos a partir de la rebelión que se efectuó en el centro del imperialismo mundial, los Estados Unidos. A partir del auge de la lucha y de las resoluciones de la Primera Conferencia Latinoamericana y de los EEUU, realizamos un acto frente a la embajada de los EEUU en el que participaron diversas fuerzas de izquierda. Allí levantamos la consigna “Fuera Trump”, impulsando entonces su salida del gobierno, pero echado por las masas, por aquellas personas que quieren una transformación social de fondo.


Insoslayable es la lucha del movimiento de mujeres y diversidades, que en el caso de Argentina logró conquistar el aborto legal, frente a las presiones de los sectores clericales y anti-derechos. La lucha por el aborto, la separación de la Iglesia y el Estado y el Ni Una Menos sirvieron de caldo de cultivo de las rebeliones, y pusieron en primera plana la lucha contra los Estados.


A esto se le debe sumar las grandes luchas del sector de la juventud precarizada. En particular, el sector de repartidores ha logrado consumar tres paros internacionales, con presencia en prácticamente todos los continentes. En Costa Rica, el creciente ataque hacia este sector llevó a Juventud Obrera a la creación del sindicato Unión Nacional de Trabajadores de Plataformas, que se ha puesto en la vanguardia de la lucha contra los atropellos de las transnacionales.


Centroamérica: el patio trasero de los EEUU.


En este marco de rebeliones, debemos comenzar señalando que ningún análisis de la puja

mundial, en particular la disputa comercial de EEUU y China, podrá ser completo si no se

trata el patio trasero. Incluso más, un análisis detallado del patio trasero puede servir de

espejo de la situación concreta en que se encuentra el imperio. Como marxistas es

imperante no caer en una lógica regionalista, sino partir del análisis de la totalidad concreta,

ir de la parte al todo y del todo a la parte.


Centroamérica ha sido espacio de grandes enfrentamientos desde el comienzo de la

pandemia. En Honduras la lucha en Tegucigalpa contra el gobierno autoritario de Juan

Orlando Hernández (JOH) mostró picos sorprendentes. Nicaragua, el país con

la mayor cantidad de intervenciones estadounidenses en el mundo, continúa en tensión

ante el actual gobierno de Ortega, que suscitó las olas de protesta brutalmente reprimidas

en el 2018. Sin embargo, se debe recordar que en el caso de Nicaragua, la burguesía opositora al gobierno de Ortega también tiene intereses en la orientación del movimiento popular.


Guatemala ha sido otro punto alto, en tanto las protestas por el presupuesto de ajuste promulgado por el presidente derechista y ultraconservador Alejandro Giammattei. Luego de haber plantado una guillotina frente al Congreso y haber prendido fuego una de las ventanas del propio edificio, se puso un freno al presupuesto al igual que a dos préstamos que vendrían a financiar el gasto. Apenas cumplido el primer año de Giammattei, la exigencia de su renuncia resuena en todo Guatemala.


En Panamá hemos visto movilizaciones desde el día que llegó la pandemia contra el centroizquierdista Laurentino Cortizo. La llegada de COVID acentuó las problemáticas más sentidas en Panamá: el acceso a la tierra y servicios básicos, la creciente privatización de las instituciones públicas. No obstante, ha sido el hambre el factor determinante para los estallidos sociales, en un país en que la izquierda ha sido históricamente proscrita.


En El Salvador se está desarrollando actualmente la gran toma de fábrica de Florenzi que lleva ya 7 meses, estando presente una fuerte denuncia a Nahib Bukele, el llamado presidente sin ideología. Estos hechos suscitaron un acto unitario de la izquierda frente a la embajada de El Salvador, en el que participó una delegación de Juventud Obrera. Bukele es, lisa y llanamente, un empresario populista de derecha con amplios rasgos autoritarios, que sigue tomando fuerza a pesar del desastre económico que se vive en El Salvador.


Finalmente, el caso de Haití no debe ser dejado de lado, a pesar de no tratarse de un país centroamericano como tal. Las protestas que comenzaron en el 2019 y continúan álgidas para el 2021 van dirigidas hacia el presidente Jovenel Moïse, quien cuenta con el apoyo de la Organización de Estados Americanos (OEA), y en particular el apoyo de Jose Biden, presidente de los EEUU. Haití, el país de la gran rebelión anti-esclavista y anti-colonialista de 1791, sigue estando dominado hasta la médula por el imperialismo.


El proceso de movilizaciones en Costa Rica y la necesidad de tomar las riendas del movimiento.


En el caso de Costa Rica, el 2020 cerró con grandes movimientos de lucha, aunque capitalizados por una dirección ligada a las burocracias de los sindicatos, Rescate Nacional. Dicho colectivo surgió como iniciativa de Jose Miguel Corrales y Célimo Guido. El principal reclamo de este movimiento es que se descarte, al menos durante esta administración, cualquier tipo de acuerdo con el FMI. Además se pronuncian en contra de la venta de activos estatales y de impuestos indirectos. La consigna “No más impuestos” ha sido la que

dominó el panorama político.


Con ella, la burocracia está intentando, una vez más, subsumir los reclamos obreros tras un frente con un ala de la burguesía. Pero, al final de cuentas, se trata de perspectivas antagónicas: mientras que los patrones están en una puja por la renta nacional costarricense, los trabajadores necesitan urgentemente un aumento salarial, recuperar los convenios laborales y recomponer sus fondos previsionales, lo cual los enfrenta, objetivamente, con esa misma clase empresarial que hoy busca estrechar lazos. Los revolucionarios intervenimos en este proceso con una postura de independencia política.


En estos momentos, la política nacional costarricense se encuentra en buena medida determinada por el arribo del Fondo Monetario Internacional, y su crédito de facilidades extendidas para los próximos tres años. El acuerdo contiene reformas estructurales que se encuentran alineadas con aquellas desplegadas en las solicitudes de la OCDE. La deuda ascendió a ¢24.289.927 millones (69,7% del PIB), y todo indica que la solución del gobierno será tomar más y más deuda.


El préstamo con el FMI por $1.778 millones llegó de la mano de alrededor de ocho proyectos de ley que implican reformas estructurales que atacan al salario. La ley de Empleo Público, de la cual ya se ha derramado montón de tinta, tiene la potencialidad de convertirse en el ataque más duro hacia la clase trabajadora bajo el mando de Carlos Alvarado.


En resumidas cuentas, nos encontramos ante una presunta salida a la crisis que no hace más que exacerbar las contradicciones de la estructura colonial del país. Las políticas de ajuste al costo laboral y de ataque al déficit fiscal retratan el anhelo de los empresarios por incrementar el margen de ganancias a costa de las condiciones de vida del pueblo trabajador. Estos ataques brutales no garantizan ningún proceso de expansión económica, ni siquiera un crecimiento de la inversión y de la búsqueda de productividad, sino que agudizan las tendencias a la debacle.


Rescate Nacional y ANEP declararon la vuelta a las calles el día 15 de febrero, a partir de que el gobierno incumplió su palabra y decidió continuar las negociaciones del FMI. A este llamado se sumó un total de 30 organizaciones sociales y sindicales. No obstante, las direcciones se encargaron de contener la deliberación por abajo y birlar la potencia del 2020.


Quien ha quedado al mando de Rescate Nacional es Célimo Guido, que actualmente se encuentra vinculado al Partido de Integración Nacional, un partido nacionalista y populista de derecha. El PIN, un partido minoritario en la Asamblea Legislativa, se ha declarado enemigo de la migración, a la vez que opuesto al matrimonio igualitario, al aborto, la educación sexual y cualquier tipo de derecho reproductivo. De tal forma, se declara patriota, religioso y a favor de la llamada “familia tradicional”. Célimo Guido hace mofa de “La Nazión”, pese a tener un sustento ideológico supremacista, que por momentos oculta, similar al del nazismo.


Así y todo, existe un componente inobjetable dentro de la coyuntura actual. El movimiento se encuentra dirigido por el nacionalismo burgués, pero no nació ni se sostiene gracias a ellos. El movimiento se sostiene por el descontento y la rabia de las personas trabajadoras explotadas, y es evidente que, durante las grandes jornadas de 2020, las bases escaparon parcialmente al control burocrático. En palabras del propio Célimo Guido, “Si nosotros, Rescate Nacional, no hacemos la convocatoria esto se desborda solo, y eso Dios sabe si es peligroso.” Es decir, Rescate Nacional se muestra al público y al aparato estatal como un elemento de contención, a pesar de hacer un llamado a la “protesta social”. Una vez más, la apariencia oculta la esencia reaccionaria.


La consecuencia directa que se deslinda de este análisis es la necesidad de intervenir en el movimiento de lucha, acompañar los repertorios de protesta con un programa propio -de confrontación con el Estado-, y poner todas las fuerzas en arrebatar la dirección del movimiento Rescate Nacional. Ponerse de espaldas al trabajador en lucha es digno de una secta que busca, simplemente mirando para el costado, superar la conciencia enajenada del proletariado y el sector campesino.


El Frente Amplio, un clásico frente popular de corte electoralista y policlasista, se ve cada día más debilitado a lo interno. Esto tiene su razón de ser en la integración al gobierno fondomonetarista del PAC, y al hecho de haberle dado la espalda a la lucha en las calles. El diputado Villalta llamó a una negociación pacífica, y a levantar los bloqueos. Luego de esto, celebraron con ímpetu los resultados de la mesa de diálogo convocada por el gobierno.


La reciente salida de Patricia Mora y del conjunto del Frente Amplio de las filas del gobierno no se trata de una ruptura de fondo, ni exime al partido socialdemócrata de haber participado de lleno en los ajustes de los años anteriores. Se trata de una estrategia política en miras a las elecciones 2022, con la intención de intentar lavar la cara del partido, mientras mantienen su compromiso y pliegue a la institucionalidad y democracia burguesa.


Entre tanto, el sindicalismo integrado al Estado constituye un caso especial. El papel tomado en las mesas de diálogo fue cuando menos lamentable, y las peticiones realizadas fueron desestimadas, en particular el freno a la eliminación de la exoneración del salario escolar. El rol de contención del sindicalismo se acentúa en su nula labor frente a la Ley de Empleo Público, a la cual le brindarán ciertas observaciones por medio del diálogo.


En época de auge popular y medidas de ataque del gobierno, en lugar de engrosar sus filas, se retraen cada día más. Esto es una clara renuncia a la construcción de un sindicalismo combativo, para lo cual quedará por verse la actitud de las bases frente a la pasividad de las cúpulas. Todo lo cual no puede descartar la necesidad de una fuerte clarificación en la base, sobre el papel traidor de las burocracias y la necesidad de luchar por una nueva dirección en los sindicatos.


El planteo de una coordinación de delegados electos con mandato de base, que rompa el pacto de la cúpula sindical con las distintas alas de la burguesía, se impone como un norte para este movimiento. Está planteada la perspectiva de un plan de lucha y la huelga general hasta tirar definitivamente el acuerdo con el FMI. No al pacto de recambio burgués UCCAEP-Rescate Nacional. Una verdadera reorganización económica sólo podrá ser dirigida por la clase trabajadora.


La vitalidad de una segunda Conferencia Latinoamericana.


La necesidad de levantar un movimiento clasista en Costa Rica es de primera orden, debemos retomar la dirección de los sindicatos entregados al capital nacional y extranjero, brindando una vía revolucionaria por medio de la independencia política del gobierno y del Estado. Desde Juventud Obrera continuaremos en nuestra labor de apoyo y dirección de las luchas de la juventud precarizada, y del conjunto de trabajadores explotados. Hacemos un llamado a la vanguardia obrera y juvenil a realizar un trabajo en conjunto, en miras de la lucha por un gobierno obrero.


El llamado lo extendemos a su vez a la Organización Socialista Revolucionaria (OSR) y el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), organizaciones que participaron de la primera Conferencia Latinoamericana y de los EEUU, al igual que las convocatorias al acto en apoyo a la rebelión en EEUU, el apoyo a las movilizaciones de trabajadores de reparto de APP, y la convocatoria por el día de América Latina y el Caribe por el aborto legal, seguro y gratuito. Pero también al Partido de los Trabajadores (PT), al Nuevo Partido Socialista (NPS) y a todas las organizaciones obreras y campesinas que se reclaman independientes y de lucha, especialmente a los grupos y activistas que han participado de los recientes bloqueos y acciones. De esta manera, buscamos continuar con la creación de un frente único de lucha a escala continental, que logre dar pasos firmes para superar la crisis de dirección del proletariado.


La verdadera salida alternativa pasa por romper con el FMI, repudiar la deuda externa usuraria y fraudulenta, y nacionalizar la banca y el comercio exterior bajo control obrero. Somos conscientes de que no se trata de una tarea fácil o espontánea, pero es la conclusión necesaria a la que debe arribar la ola de rebeliones que ha alcanzado países como Chile, Perú, Colombia, Bolivia, Francia, Estados Unidos, e incluso la India. Para esto reafirmamos la necesidad de una Segunda Conferencia Latinoamericana y de los EEUU, como instancia para lograr un frente único de lucha a escala continental y damos inicio a una campaña al respecto en nuestro ámbito. Esta es la única vía posible para que la crisis la paguen los capitalistas y que gobiernen los trabajadores y campesinos.

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