El problema de la manifestación social espontánea: la supuesta contrahegemonía


El 19 de julio del 2021 se llevó a cabo una manifestación frente al II Circuito Judicial, en Calle Blancos. Esta se dio con el fin de generar un espacio de expresión en contra de la criminalización de las personas judicializadas tras lo acontecido en las protestas estudiantiles del 2019, y consistió, en general, de un conjunto de expresiones artísticas a las que, en esencia, como lo que son, no se les puede atribuir nada negativo. Sin embargo, y poniéndolas en el contexto en que se encontraban -y se han encontrado-, es válido cuestionar si estas formas de expresión denotan realmente lo que deberían, pues crean un ambiente festivo, en el que parece que, cuando todo lo contrario, hay algo que celebrar. Hay que señalar, que manifestaciones de este estilo, tienen lugar incluso, a nivel general, tanto a escala nacional e internacional, por lo que el evento mencionado al inicio no debe entenderse como un fenómeno aislado.

Las expresiones culturales en el contexto de la manifestación social parecen tener la intención de colaborar en la construcción de un ambiente de contracultura. Estos espacios evidentemente llaman la atención, pues cuando se dan, salen de lo cotidiano, pero ven limitada su efectividad en la espontaneidad, así como en la puntualidad que los caracteriza. Surge entonces una pregunta: ¿Cuál es el efecto verdadero de manifestaciones de esta índole? Pues una vez concluidas, la cultura hegemónica vuelve a impregnar totalmente el espacio en que se dieron. La ausencia de una articulación sistemática de quienes ocupan dichos espacios, así como de una expresión clara, o acorde a la naturaleza de las demandas que pretenden enunciar, genera un instante de incomodidad, no tanto para el poder institucionalizado, sino, más bien para cualquiera que transite cerca del lugar donde se da la manifestación contracultural, y no esté familiarizado con su causa, pues no es esa la cultura a la que está suscrito.

Teniendo en cuenta dichas consideraciones, los momentos puntuales de accionar contrahegemónico, que no se limitan a la expresión artística en la protesta social, sino al accionar no articulado -violento, o no-, sin objetivos claros, y comunes, podrían ser calificados como contraproducentes. Estos no solo justifican las arremetidas del poder hegemónico cuando son violentas -pues son consideradas ilegítimas-, sino que, inclusive cuando no lo son, imposibilitan la construcción, y constitución de una verdadera cultura contrahegemónica que ponga en real tensión al conjunto de clases subordinadas, con las relaciones que mantiene con la clase que se encuentra en la posición dominante. Es necesario entonces que las manifestaciones sociales sean espacios donde se haga expresa la búsqueda de la consecución de la heterogeneidad de intereses y demandas sociales de las clases subordinadas, y se aprovechen en la promoción de valores contrahegemónicos.

Para esto es necesaria la articulación, y la organización, ya no solo de las clases subalternas, sino también de la heterogeneidad de grupos que utilizan como base los movimientos estudiantiles, y sindicales, para emitir sus denuncias. Es preciso que dichos grupos, y sus denuncias, se articulen con los intereses de los obreros, pues el alcance pleno de dichos intereses llevaría necesariamente a una reconfiguración de las relaciones sociales existentes, es decir, la transformación del bloque histórico actual, en otro donde las posiciones de explotador, y explotado se vean abolidas.

Una crítica puede extenderse, por un lado, a las manifestaciones que buscan legitimarse como culturales, positivas, o festivas, pues al hacer esto lo que reproducen, y por lo tanto legitiman, son las relaciones establecidas, que condenan la manifestación social combativa. Por otro, el accionar, supuestamente combativo, llevado a cabo desde el individualismo, y oportunismo, sin una planificación y organización, no logra nada en el largo plazo. No se puede esperar una verdadera transformación del bloque histórico por medio de manifestaciones esporádicas que dan los medios al poder para que se encargue de deslegitimarlas, o que por sí solas, se encargan de incomodar, y por lo tanto alejar, a quienes deberían estar siendo integrados en la búsqueda de la consecución de los intereses de la mayoría.



Javier Gätjens Corrales

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