• J.O.

El debate Repartidores-Suchar y perspectivas para la lucha en el 2021.

Rodrigo Ovares.


En el mes de noviembre, el medio digital CRHOY llevó a cabo un debate sobre el proyecto de ley N° 21567, el cual pretende una regulación laboral mínima para los trabajadores de las plataformas de reparto. Los invitados al debate fueron la diputada oficialista Paola Vega, propulsora del proyecto de ley, y Daniel Suchar, un académico que ha sido férreo defensor de las plataformas de reparto y de las cámaras empresariales en general.


En la discusión, fue evidente que ambas partes tenían un escaso conocimiento de las situaciones que suceden en el gremio. La diputada tuvo un papel un poco más destacado, pero esto se debió a que semanas antes tuvo la oportunidad de reunirse con algunos repartidores, para escuchar algunas de las problemáticas. Por ello, pudo sortear algunos de los argumentos de Suchar, quien por su lado se limitó a decir que no debía existir regulación laboral, pues los repartidores son “trabajadores independientes”, y que cualquier intento de establecer reglas claras, agravaría el desempleo.


Por esta razón, la Organización de Repartidores decidió organizar un debate independiente con este último, el cual se definió para el día 17 de diciembre, a las 7:00 p.m. Roberto Sánchez Moreno, de la ORU, hizo una amplia exposición sobre las acciones de lucha llevadas a cabo desde mayo de 2020, así como de las principales problemáticas que afectan día a día al gremio. Por su parte, como era de esperar, Suchar reiteró una y otra vez los mismos argumentos que ya había presentado en el debate anterior. Veamos detenidamente alguno de estos argumentos, presentes en ambos debates:


a) Las plataformas de reparto como economía colaborativa


Para Suchar, empresas como Uber Eats, Glovo o Rappi son simples intermediarias en un esquema de economía colaborativa, por lo que se limitan únicamente a “conectar” a clientes, establecimientos y repartidores. Lo cierto es que esta afirmación ya ha sido refutada por tribunales que han analizado la situación de los repartidores en otros países. El Tribunal Supremo de España indica, para el caso de la empresa Glovo que:

“El precio de los servicios prestados, la forma de pago y la remuneración a los repartidores se fija exclusivamente por esa empresa. (…) Ello evidencia que Glovo no es una mera intermediaria entre clientes finales y repartidores. Ni los comercios, ni los consumidores finales a quienes se realiza el servicio de reparto, son clientes del repartidor, sino de Glovo


Es decir, si el repartidor o repartidora tuvieran la posibilidad de definir sus propios precios y publicitarlos en las plataformas, así como negociar directamente con los comercios y clientes, allí estaríamos efectivamente ante una economía colaborativa. Lo cierto es que no solo Glovo, sino también Uber y Rappi definen arbitrariamente los precios y condiciones de trabajo, sin ningún tipo de consulta a los repartidores, y son quienes toman las decisiones sobre el negocio. Dicho esto, el argumento de Suchar demuestra una gran ignorancia sobre el verdadero funcionamiento de estas plataformas.


b) Los repartidores son trabajadores independientes


En ambos debates, Suchar se colocó a sí mismo como ejemplo, indicando que es un trabajador independiente, que decide cuándo y cuántas horas al día trabajar. Según él, la situación de los repartidores es la misma.


Es evidente que la labor de un consultor o profesional liberal como Suchar no es lo mismo que trabajar 10 o más horas en una bicicleta, expuesto a accidentes, delincuencia o a condiciones del tiempo desfavorables. En otras palabras, hay otras condiciones de salud ocupacional que implican un mayor riesgo para los repartidores.


Antes bien, centrémonos en el argumento presentado por Suchar. Es cierto que el repartidor tiene una serie de libertades que hacen pensar que se trata de un trabajo por cuenta propia, como, por ejemplo, decidir a qué hora conectarse en la aplicación y cuántos días a la semana. También, puede ser cierto que las herramientas de trabajo (motocicleta, casco, teléfono celular) le pertenecen al repartidor y no a la empresa, por lo que habría indicios de trabajo independiente.


Sin embargo, estos no son los únicos que caracterizan a esta forma de trabajo. Otra herramienta de trabajo muy importante para el repartidor es sin duda la App. Esta no pertenece al repartidor, sino a la empresa y es el elemento organizador de esta actividad económica.

Existen múltiples indicios de que, por el contrario, existe una relación obrero-patronal, al menos en las condiciones actuales. El sistema de puntuación y las causales de finalización de contrato definidas a antojo por la empresa, sin ningún tipo de consenso o acuerdo con los repartidores, son otros claros ejemplos.


En otras palabras, a pesar de la flexibilidad horaria que ofrece la empresa, ello no significa que los repartidores automáticamente sean trabajadores independientes. En muchas empresas, existe la posibilidad de ajustar o definir los horarios según la necesidad del trabajador (por ejemplo, por motivos de estudio o familiares), y pese a esto en ninguno de estos casos la compañía alega que por esto se trate de trabajadores independientes.

Por último, un verdadero trabajador independiente, como se dijo en el punto a), define su precio y sus condiciones de trabajo, o, en el caso de los gremios profesionales, son definidos periódicamente por los colegios profesionales. Por lo tanto, es absurdo que las empresas cataloguen al repartidor como trabajador independiente ¡pero sean ellas las que definan los precios!


c) Los trabajadores tienen libre albedrío, si no les parece las condiciones contractuales, pueden buscar otro trabajo


Por último, quizá este sea el argumento más lamentable defendido por Suchar a lo largo del debate. Ante las condiciones abusivas impuestas por las plataformas, este sujeto no solo no brindó ni una sola alternativa o posible solución. Hace un llamado a la resignación: ¡si no te gusta, búscate otro trabajo!


Él parece no estar al tanto de que el país atraviesa una crisis económica, que desde ya hace varios años ha mantenido altos porcentajes de desempleo, y que se han agravado a raíz de la pandemia. Según los últimos datos, el desempleo ronda el 21,3%, lo cual representa alrededor de 516.000 personas.


Ante este panorama, muchas personas que tenían trabajo en sectores como el turismo, el comercio o los servicios, han quedado cesantes y han visto en la labor de reparto una fuente de ingresos. Para muchas de estas personas, no hay una segunda o tercera opción. Por lo tanto, aunque la empresa imponga unilateralmente sus condiciones, en muchas ocasiones no queda más que aceptarlo.


No obstante, el desempleo no debe convertirse en una excusa para imponer condiciones injustas y violentar los derechos más fundamentales de las personas trabajadoras.


En conclusión, Daniel Suchar no ofreció argumentos contundentes que justifiquen las actuales condiciones de desregulación y abuso. Tampoco ofreció soluciones a las problemáticas que viven los repartidores diariamente. Su única alternativa fue el conformismo o abrazar la angustia del desempleo a través del ejercicio del “libre albedrío”.


Por el contrario, desde la Organización de Repartidores, hacemos un llamado a dejar de lado la resignación y el individualismo: las condiciones laborales del gremio pueden ser mejores, pero solo si nos organizamos como colectivo y exigimos nuestros derechos.


Somos conscientes de la diversidad de posiciones en torno a la regulación que existen en el gremio, pero proponemos lo siguiente: para quienes deseen continuar laborando como trabajadores independientes, negociación colectiva de los precios y condiciones de trabajo; para quienes opten una relación obrero-patronal, la incorporación paulatina de porcentajes de trabajadores en la planilla empresarial; para todos, organización gremial.


¡POR UN 2021 DE LUCHA, SOLIDARIDAD Y CONDICIONES DIGNAS!

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