Costa Rica: ¿quién trabaja y quién se cuida?

Actualizado: 23 de sep de 2020

La consigna “quédate en casa” lanzada por el gobierno pasó súbitamente a “Costa Rica trabaja y se cuida”. A lo largo de estas semanas, el gobierno de Carlos Alvarado lanzó un proyecto vinculado a un supuesto modelo de gestión compartida. Este modelo va en consonancia con la repetida intención de volcar la culpa del fiasco sanitario a la clase trabajadora, a la responsabilidad individual de aquellas personas cuya burbuja social incluye obligatoriamente al resto de empleados o transeúntes.


El gobierno apela a la necesidad de garantizar una gestión del riesgo para poder reactivar económicamente al país. La gestión del riesgo resulta desde ya inexistente, siendo que día a día se establecen nuevos récords de casos y muertes, sobrepasando los mil casos diarios. Queda claro que aquello que se encuentra en riesgo es el capital, y hacia ello apunta decididamente el conjunto del régimen político.



Un cuadro económico devastador.


Las consecuencias de las reformas estructurales pactadas con la OCDE y la crisis económica no tardan en llegar. El Banco Central señala que el PIB tendrá una contracción del 5%, lo cual implica la mayor contracción que ha tenido Costa Rica desde 1982. Esta caída tiene un correlato estrepitoso si se le suma el aumento en el desempleo, que llegó a un histórico 24%, un 12,1% más que al inicio de la pandemia. En términos nominales la población ocupada sufrió una disminución de 438 mil personas. El mismo Banco Central indica que el turismo, la construcción y el consumo serán los más impactados, pero en general todos los sectores económicos serán golpeados por la pandemia.


Mientras tanto, el mes pasado se anunció la apertura parcial de recepción de vuelos internacionales, al igual que la reapertura de las actividades al aire libre. La misma Ministra de Economía afirmó de forma honrada que estas medidas son la respuesta ante la petitoria de las cámaras empresariales y las alcaldías. El ya gastado mensaje “es por Costa Rica” busca esconder el estricto contenido de clase de esta pandemia, llamando a un discurso de unidad chovinista ante un enemigo externo. El enemigo, hoy más que nunca es interno, y vinculado estrechamente a las instituciones del imperialismo.


El gobierno de unidad nacional a la deriva.


La respuesta del gobierno ante la crisis ha sido tomar deuda tras deuda, continuando con la excusa de un déficit fiscal que cada día va más a la alza, y llegó a ser el más alto de los últimos 40 años. En estas últimas semanas se tomaron nuevos préstamos con el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) por $300 millones, préstamos con el BID para infraestructura vial y otros fines inciertos, mientras que el segundo préstamo con el FMI implica un endeudamiento de $1750 millones. Para finales de este 2020, se plantea que la deuda llegará al 70,3% del PIB del año actual. La misma quiebra del estado, la caída en default, ya es una temática que comienza a hacer eco en los medios burgueses.


Las exoneraciones del IVA y otros impuestos marcan la agenda del gobierno. Tales exoneraciones que se brindaron al servicio de construcción y el de turismo van de la mano de la suspensión del pago de los préstamos de las grandes empresas. No es de sorprender tampoco la intención de aumentar la jornada laboral a 12 horas, los permisos para suspender contratos laborales o los crecientes ataques al salario del sector público. Entre tanto, el gobierno financia las acciones de los grandes monopolios de comunicación burguesa, comprando bonos a empresas como La Nación S.A. por medio de fondos públicos.


A estas medidas antiobreras tomadas por el conjunto del régimen político se le entrecruza una caída vertiginosa de la imagen pública del gobierno, que apenas tiene en estos momentos un apoyo del 25% de la población. Con una Asamblea en el que participan nueve fuerzas electorales, y a sabiendas de la necesidad que tienen estas fuerzas de coartar el voto de las masas trabajadoras, el panorama pre-electoral que se avecina el próximo año puede conducir a nuevos choques al interior del régimen. Dichos choques comienzan a dar forma luego del arduo debate por el presupuesto extraordinario de junio y julio, y más recientemente con los desafíos de la aprobación del instrumento de financiamiento rápido del FMI.


Organicemos la reacción de los trabajadores


Mientras que los representantes de la UCCAEP en conjunto con el Encuentro Social Multisectorial se reúnen con el Arzobispo de San José para discutir la “reactivación económica”, desde Juventud Obrera planteamos la necesidad de llevar adelante un plan de lucha que se oponga tajantemente a la Iglesia, al Estado, y a la burguesía tanto extranjera como nacional, que tiene la complicidad de la burocracia sindical de su lado.


Las burocracias sindicales han conciliado con el gobierno en plena crisis, promoviendo tibias manifestaciones con resultados pactados de antemano, y viéndose de espaldas a la organización de las verdaderas luchas y causas obreras. El punto cúlmine del fiasco sindical se dió en las mismas manifestaciones, en las que se ofrecía una suma de 15.000 colones a aquellas personas que decidían asistir, mostrando que el núcleo de apoyo a las burocracias va en caída.


El agravamiento de la lucha de clases está en cuenta regresiva. En consecuencia, debemos apoyar las luchas en curso: las luchas contra los femicidios; la lucha del gremio de la minería en Abangares; el reclamo de testeos masivos en el sector de enfermería, que contabiliza 1.483 contagios; la lucha contra la minería en Crucitas; las luchas de los pueblos indígenas; las luchas en las piñeras; la lucha de las y los repartidores; y las del conjunto de la juventud precarizada. El rol de la izquierda revolucionaria y el clasismo es organizar esas luchas y brindarle un programa de salida, construyendo una alternativa política.


¡Por una reorganización económica y social dirigida por la clase trabajadora!


Roberto Sánchez Moreno.

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