Afganistán: entre el imperialismo y el fundamentalismo.

Por Daniel Trejos


En los últimos días hemos visto el mundo conmocionado por la toma del poder de Afganistán por parte del grupo islamista radical de los talibán, y a pesar de que es uno de los conflictos más longevos de nuestro tiempo, poco se sabe de los procesos políticos que originan el presente conflicto y las implicaciones que podría tener.

En este artículo se intentará explicar brevemente los elementos más importantes para entender la actualidad del conflicto y sus diferentes implicaciones.


Un país con conflictos de larga data


El Shah (rey) de Afganistán, Mohammed Zahir Shah, había estado gobernando el país hacía ya casi 40 años, había instaurado la primer constitución del país en el año 64 donde se establecía igualdad de derechos para hombres y mujeres, se prohibía la obligatoriedad de que las mujeres usasen burka en público y fundó la primer universidad del país. En términos generales era un gobierno progresista pero que durante sus últimos años había sufrido un deterioro de su imagen debido a una mala gestión económica y mal manejo de sequías que habían causado la muerte de casi 80.000 personas.

En este clima de tensión es derrocado en 1973 por su cuñado y primo Mohammed Daud Khan quien es apoyado por los comunistas. Inicia el periodo de república para Afganistán. Daud Khan sostiene las políticas de liberalización de la economía, de neutralidad en la guerra fría e impulsa las medidas progresistas adoptadas en la constitución anterior.

Sin embargo, no había tenido una buena gestión de la economía, y el gobierno tenía un carácter severamente represivo hacia sus opositores. Esto fue esencial para la pérdida de apoyo del gobierno tanto desde los sectores conservadores al eliminar a los elementos islamistas más radicales, como de los sectores de izquierda.

Es importante señalar que para este punto el Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA) contaba con alrededor de 50 mil miembros activos y amplios apoyos populares, así como influencia en todos los rangos militares, una situación que a Daud Khan le preocupaba, por lo que decide hacerse cargo del PDPA eliminando a sus figuras más importantes.

Su plan para hacerse cargo del PDPA inicia en 1978 con con el asesinato en la cárcel del dirigente comunista Mir Akbar Kaibar, lo que detonó una serie de protestas que fueron fuertemente reprimidas y en las cuales se encarcela a Nur Mohammad Taraki y Babrak Karmal, otros altos dirigentes comunistas.

Ya para este punto las protestas habían hecho que se movilizara el ejército hacia el palacio y diera un golpe de Estado, asesinando a Daud Khan y a toda la familia real.

Este es un ejemplo de una revolución desde arriba, ya que tras la toma del poder por parte del ejército, el gobierno es entregado voluntariamente a Nur Mohammad Taraki, quien tras la revolución funda una República Popular que bajo la dirección socialista del Partido Democrático Popular de Afganistán, inicia una serie de reformas económicas, agrarias y sociales para encaminar la república popular hacia el socialismo.


El fracaso de la República Popular


La instauración de la república popular significó una implementación de medidas muy radicales de transformación del país y de la sociedad. Las intenciones de los gobernantes comunistas eran acelerar una industrialización del país, democratizar el acceso a tierra para los campesinos, eliminar las relaciones patriarcales que subyacían en toda la estructura social donde la mujer estaba supeditada como un patrimonio a su padre o marido, iniciar un proceso masivo de alfabetización y desarrollo de la infraestructura del país.

Todo esto lo intentaron hacer en un país donde las comunidades rurales aún era profundamente conservadoras, en un país donde había 50 mil obreros y 250 mil mulás (clérigos islámicos), por lo que las resistencias a las medidas de modernización del país fueron mal vistas en las zonas rurales, donde hubo resistencia por parte de los sectores islamistas más radicales.

El inicio del declive del gobierno popular fue que sus medidas no eran nacidas de un análisis de la realidad material del país, sino dictadas desde Moscú, lo cual hizo que en la realidad tuvieran poco apoyo o resultaron prácticamente inviables y tuvieran fuertes resistencias por parte de los mulás y jefes tribales que no estaban dispuestos a perder sus privilegios.

Es aquí, en un clima de inestabilidad política, que entran los Estados Unidos quienes bajo la dirección del presidente Jimmy Carter y bajo asesoría del ex Secretario de Estado Henry Kissinger, comienzan a financiar a grupos de radicalistas islámicos llamados Muyahidines con el objetivo de desestabilizar un país que se había convertido en un importante aliado de la Unión Soviética.

Un “Muyahidin” es una palabra que remite a dos conceptos clave para entender los conflictos en Afganistán y el mundo islámico. Un muyahidín es un musulmán que se dedica a la yihad, que significa en la cultura islámica literalmente la “lucha”.

Para los musulmanes la yihad entendida como una “lucha santa” es practicada en dos sentidos, en primer lugar es una lucha interna para sostenerse fiel a la fé musulmana durante toda la vida, y en segundo lugar, la lucha externa por construir la sociedad musulmana. Estos grupos fueron la punta de lanza de las operaciones estadounidenses en Afganistán.

Bajo la bandera del anticomunismo los Estados Unidos comienzan a utilizar a los sectores conservadores pertenecientes al islam más radical y fundamentalista para generar una guerra contra el gobierno afgano, quien se ve en una situación muy complicada ya que además debia lidiar con divisiones dentro de su propio partido. En este contexto interviene la URSS, en apoyo principalmente a la facción del PDPA liderada por Taraki y para controlar las insurrecciones islamistas contra el gobierno.

Por casi 10 años la URSS permanece en suelo afgano intentando controlar los grupos islamistas apoyados y financiados por los Estados Unidos y organizados desde el territorio de Pakistán.

Del mismo modo que la guerra de Vietnam había generado inestabilidad política en Estados Unidos, la guerra en Afganistán estaba haciendo mella en la opinión pública hacia el gobierno de la URSS, por lo que los soviéticos deciden que no pueden continuar con una guerra que se vislumbra imposible de ganar y se retiran de suelo afgano, dejando solo al gobierno del PDPA encabezado por el presidente Najibullah, quien sostendrá la resistencia contra los muyahidines en un intento de crear un Gobierno de reconciliación, pactando con los sectores conservadores, abandonando el marxismo, aceptando el islam como religión oficial del Estado y posteriormente renunciando en 1992 para algunos años más tarde, en 1996, ser asesinado en la toma de Kabul por parte de los talibán.

Cabe destacar que poco tiempo antes de retirarse la URSS en 1989 se había fortalecido la maquinaria de reclutamiento, entrenamiento y adiestramiento de combatientes islamistas a través de la organización Al-Qaeda (la base), que fundada en 1988 por Osama Bin Laden, buscaba organizar grupos de yihadistas, y en el caso afgano, usó el territorio pakistaní para nutrir a los muyahidines de un flujo constante de nuevos combatientes.

Tras la retirada de los soviéticos, el gobierno afgano sostiene la guerra contra los radicalistas islámicos, aunque en una posición ya de desventaja. Por algunos años logra sostener posiciones, pero en 1994 la situación cambia con la llegada de un nuevo grupo articulado bajo un mando centralizado y cohesionados en una única línea de interpretación del islam. Bajo la dirección del Mulá Omar surgen los talibán, que se suman a la guerra por el poder ocasionando que el gobierno en dos años colapse, el presidente Najibullah sea ejecutado de una forma horrible, y el vacío de poder sea tomado por la Alianza del Norte, un grupo de muyahidines principalmente de etnias tajikos, kazajos y uzbekos liderados por Ahmad Shah Massoud.

Sin embargo, los problemas no acaban aquí, ya que ahora que el poder está en manos de los muyahidines de la Alianza del Norte, surgen los enfrentamientos entre los diferentes grupos islamistas por el control del gobierno y por la imposición de su propia interpretación del islam.


¿Quiénes son los talibán?


Empecemos por explicar el término. De la palabra de origen árabe “talib”, que significa estudiante y pluralizado en lengua pastún como “talibán”, hace referencia a los estudiantes en sentido islámico, estudiantes de los textos islámicos.

La estructura de los talibán como una organización centralizada se consolidará en los 90, donde ex combatientes muyahidines del sur y este de afganistán, principalmente de etnia pastún, veteranos de la guerra afgano-soviética que habían sido entrenados y financiados bajo el auspicio de los Estados Unidos, se ven enfrentados en una guerra civil por el control del país contra la coalición tribal del norte dirigida por el líder Muyahidin de etnia tajik Ahmad Shah Massoud.

Se considera que los talibán como organización centralizada tiene su fundación formal en el año 1994 bajo la dirección del mulá Omar, líder religioso talibán.

Este grupo es una organización político-militar de carácter religioso, fundamentalistas de la rama Suní del islam y cercanos al wahabismo, corriente político-religiosa perteneciente a la escuela jurídica islámica hanbalí, específicamente a la corriente salafí, una corriente ultraortodoxa que promulga una lectura literal de la sharia (ley islámica). Estas características son muy importantes en las relaciones de los talibán con otras agrupaciones islámicas, ya sea como aliados o enemigos, algo que los acercó a la organización Al-Qaeda pero los distanció definitivamente de otros grupos muyahidines.


Toma del poder e invasión estadounidense


Como se dijo antes, la guerra entre facciones de combatientes musulmanes es la nueva tónica del conflicto afgano, los talibán se convierten en una fuerza formidable y con muestras de ser imposible de detener, con una capacidad de adaptación enorme y con un flujo casi ilimitado de nuevos combatientes.

Cabe destacar que el grupo de los talibán no fue financiado ni dirigido directamente por los Estados Unidos como sí había sucedido con los muyahidines, sino que el apoyo monetario lo recibían de Pakistán, quien recibía apoyo de Estados Unidos y otros países de Europa.

Para el año 1996 los talibán logran entrar en Kabul, la capital Afgana, y hacerse con el poder del país, instaurando un Emirato Islámico cuya base jurídica y política será la sharia, la ley islámica.

En este gobierno de los talibán se imponen condiciones a las mujeres que no se habían visto en décadas en el país. La mujer vuelve a estar supeditada a un hombre, vuelve a tener prohibición de estudiar, de poseer propiedades, de salir sola, de estar en la calle sin usar burka, para las niñas se vuelve a permitir casarlas con hombres mayores, etc.

Las condiciones del país empeoran significativamente y la guerra contra la Alianza del Norte, último bastión de resistencia contra el régimen talibán, se recrudece.

Este gobierno talibán durará hasta 2001 donde surgen dos acontecimientos muy significativos. Bajo ordenes de Osama Bin Laden, lider de Al Qaeda, el 9 de septiembre se realiza un atentado contra la vida de Ahmad Shah Massoud, líder de la Alianza del Norte que resistía en el Valle de Panjshir, y dos días después, el 11 de septiembre, se realiza un ataque contra las torres gemelas que se adjudica Al Qaeda.

Esto cambia nuevamente el panorama, ya que se elimina al máximo dirigente histórico contra los soviéticos y contra los talibán, y se justifica la entrada para acabar con el Emirato Islámico, de manera que el 7 de octubre el ejército estadounidense invade territorio afgano, expulsa a los talibán del poder, recupera la capital y reorganiza un gobierno títere, aunque sin nunca lograr acabar con la organización ni ejercer control efectivo en todo el territorio.

Una de las justificaciones para permanecer en el territorio afgano fue la situación de las mujeres bajo el régimen talibán. El énfasis de la brutalización de las mujeres fue utilizado para justificar ante los ojos de “occidente” la presencia militar en el país.


Tras 20 años de guerra, regresan los talibán


Han pasado 20 años, se han gastado miles de millones en la guerra, han llegado soldados nacidos después del inicio del conflicto, y sin una esperanza de poder terminarlo, los Estados Unidos decide que es momento de retirarse de Afganistán como lo hizo la Unión Soviética en el año 1989, y como lo hicieron ellos mismos al final de la guerra de Vietnam en 1973.

De una manera poco cuidadosa, casi se podría decir que intencionalmente desordenada, el ejército más poderoso del mundo abandona sus bases, sus arsenales de armas, sus vehículos y tanques para comenzar una apresurada retirada pactada con el gobierno afgano y con los talibán.

Tan solo días después de la retirada de las tropas estadounidenses, los talibán vuelven a capturar Kabul como sucediera en 1996, y de esta manera recuperan el poder del que fueron expulsados con la llegada de los estadounidenses.

Y del mismo modo que su anterior gobierno, vuelven a imponer la sharia, vuelven a declararse Emirato Islámico y vuelven a imponer duras condiciones a la población que corre riesgo de ser juzgados por los tribunales islámicos con posibilidad de terminar desde azotados hasta mutilados, apedreados o ahorcados.

Algo que ha quedado muy claro desde que Estados Unidos comenzó a usar “grupos rebeldes” para desestabilizar países para luego intervenirlos, es que estos grupos han terminado adoptando versiones radicales del islam y convirtiéndose en proyectos políticos que regresan a los peores estadios de la civilización humana, y terminan siendo un yugo para la propia población musulmana de sus países, al imponer visiones del islam que tiran por borda siglos de progreso en derechos, en liberación de la mujer, en avances científicos, etc.


¿Qué le espera a Afganistán?


La ola de indignación internacional ante los acontecimientos dramáticos sucedidos tras la toma de Kabul han desatado muchas especulaciones sobre el posible futuro del país, y sobre lo que deberían hacer los países al respecto.

Está claro que los talibán ahora tienen en su poder el control del Estado, el control de las armas dejadas por el ejército de los Estados Unidos y por el ejército afgano y si antes armados con viejas AK-47 y sin ningún equipamiento, en ocasiones recorriendo los escarpados terrenos de afganistán por kilómetros en poco más que sandalias, lograron tomar el poder, ahora con equipo de última generación, vehículos y con un Estado a su disposición, nos queda claro que la forma de expulsarlos no puede ser firmando peticiones en change.org, o llamando a la ONU a pronunciarse.

Además, con una población que supera los 32 millones de habitantes, recibir refugiados no es ninguna solución, por más solidario que pueda ser y por más que pueda apaciguar las angustias de los luchadores por la justicia social de los países de este hemisferio.

La posición a tomar en este caso debería ser esperar, por más extraño que parezca. Esperar a las configuraciones internas en el país, a que se estabilicen los flujos migratorios hacia los países vecinos y esperar la respuesta de la población al nuevo gobierno que parece haber encontrado en la anteriormente exitosa fórmula de Alianza del Norte en el valle de Panjshir una nueva esperanza, liderada por Ahmad Massoud, el hijo del difunto líder muyahidín Ahmad Shah Massoud, quien ha estado recibiendo apoyo de los militares del ejercito que huyeron de Kabul para iniciar nuevamente una ofensiva a través del largo valle que desemboca en la capital.

Pero algo es aún más claro, y es que el origen de todos los problemas tanto de Afganistán como de la región ha sido la intervención extranjera en un sentido imperialista sumado a la incapacidad de los dirigentes nacionales de comprender las configuraciones propias de su país, de modo que se podría decir que el fracaso del gobierno del PDPA en su momento fue una dirección que tendió a subestimar las fuerzas del enemigo al tiempo que sobreestimar las propias, originando un gobierno ajeno a la realidad material del país.




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