• J.O.

A propósito del “libre albedrío” en el liberalismo.

Actualizado: ene 6

El 16 de diciembre del 2020 se realizó un debate sobre la condición legal de las personas repartidoras en Costa Rica, frente a las plataformas internacionales que las emplean.

En este el compañero Roberto Sánchez defendió la postura de concretar contratos laborales con responsabilidades patronales claras para con los y las repartidoras. Frente a las posturas de Daniel Suchar, cuyos argumentos se basaban en corazonadas fácticamente incorrectas e idealistas bajo la suposición de un místico “libre albedrío”, en otras palabras, que todos y todas las repartidoras eligen día día libremente las condiciones precarias a las que son expuestos y expuestas en su trabajo.


El argumento del libre albedrío es una de las bases filosóficas del liberalismo, en esta la persona de alguna manera tiene la libertad de tomar las decisiones que dan forma a su vida. Sin embargo, los orígenes de esta idea son incluso más metafísicos. La religión (no en todas sus variantes), encarnada en Occidente (cuna del liberalismo) en el cristianismo introduce el elemento del libre albedrío como la base de su sistema moral, pues esta libertad dada por Dios mismo al ser humano determinará su salvación eterna ya que el ser humano podrá elegir una vida de pecado o bondad. Esta dicotomía del bien y el mal basada en la moral cristiana va a verse arrastrada por los filósofos de la modernidad en liberalismo.


Lo señalado anteriormente puede sonar irónico para el lector o lectora que reconozca que uno de los pilares históricos del liberalismo clásico es la separación de la iglesia y el Estado, pero incluso estos pensadores no lograron superar el idealismo metafísico en sus obras, y tampoco lo ha logrado hacer Suchar. El argumento de la libre toma de decisiones pierde total relevancia al no tomar en cuenta el mundo material en el que estas decisiones toman lugar. El ejemplo más básico para esto sería que es imposible tomar la decisión de volar, puesto que existe la gravedad, o no poder adquirir un unicornio puesto que estos no existen. O sea, mi realidad material e histórica va condicionar mi campo de acción y decisión.


Según el mismo Marx —“los hombres [y las mujeres] hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio…sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente...”. Tanto en el siglo XIX (cuando fueron escritas estas palabras) como hoy en día estamos expuestos a una faceta del sistema productivo capitalista. Este sistema económico supone una jerarquía de clases sociales por la que la clase capitalista (político/empresarial) tiene un ingreso y acumulación de dinero abismalmente mayor que las clases trabajadoras y campesinas (de cuyo trabajo se genera todo el dinero de los capitalistas). Esta situación genera una inequidad, que en un mundo donde el dinero manda todo se traduce a una limitada capacidad de escogencia de las condiciones de vida y trabajo en un ejercicio de libre albedrío.


Ignorar esta realidad material en condiciones normales sería ya un ejercicio de un cínico o un patán. Pero se recrudece esto al tomar en cuenta que por la pandemia del COVID19, 1 de cada 4 ticos y ticas en edad laboral se encuentra desempleado en el 2020. La contracción de la economía costarricense ha dejado al casi 25% de la población sin medios de subsistencia, impulsando a los ciudadanos y ciudadanas trabajadoras a la informalidad, por lo tanto limitando sus derechos como trabajadoras y suprimiendo las responsabilidades patronales. Por lo que la opción de trabajar como repartidor o repartidora en estas plataformas se presenta como una alternativa frente a la falta de salario.


En estas plataformas, que son muy distintas entre sí en su trato con los “colaboradores repartidores”, bajo la excusa de competitividad se fijan horarios (como en glovo) sujetos a penalización por incumplimiento, también penalizan el ignorar pedidos (por razones de peso, horario, lugar, peligro, etc). Estas penalizaciones pueden ir desde multas monetarias hasta bloqueos de usuarios que vendrían siendo como despidos. Situaciones de las cuales Suchar parecía ignorar por completo, ya que como es más que evidente la plataformas no permiten un ejercicio pleno de este “libre albedrío”.


En un mundo definido por las condiciones materiales o económicas debemos ser coherentes y proporcionar resoluciones que reconozcan las problemáticas materiales de la sociedad y no como el liberalismo, ignorar estas realidades dando respuestas perezosas que descansen en un idealismo imaginario, que no proporcionaron respuestas a las problemáticas del siglo XIX y no lo van a hacer en el siglo XXI. Debemos reconocer que las problemáticas económicas a las que se ven expuestos cotidianamente los trabajadores tienen un origen en el capitalismo y no en sus decisiones individuales, y no hace recargar cínicamente en los hombros de las y los explotados y desposeídos del actual sistema productivo, su misma explotación y desposesión.


Desde la Organización de Repartidores Unidos sostenemos que debe reconocerse la relación laboral entre repartidores y plataformas, contemplando a aquellas personas que deseen continuar laborando como independientes. Invitamos al conjunto de la juventud precarizada a sumarse a nuestra lucha a lo largo del año entrante.



D. Trocas



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