25 N: por un movimiento de mujeres clasista.

Actualizado: 25 de nov de 2020

El 25 de noviembre se conmemora la lucha contra la violencia hacia la mujer. Esto debe hacernos reconocer las muestras de machismo en nuestra cotidianidad, con la intención de erradicar de nuestra normalidad la violencia y el odio a las mujeres por ser mujeres. Por lo tanto, no debemos olvidar el papel central que juega el Estado en la perpetuación de estas dinámicas espantosas que ya han cobrado la vida de más de 20 mujeres víctimas de muertes violentas. Apenas 11 de estos casos el Estado se digna a reconocerlos como femicidios.



El Estado es responsable.


El Estado perpetúa la violencia hacia las mujeres por medio de diversas instituciones públicas, además de la clara unión y complicidad que existe entre este y las Iglesias, tanto la católica como las evangélicas. Empezando por que niega el acceso a una educación sexual de calidad, científica y consciente de la desigualdad de género. Esto genera que no haya una acción temprana en el proceso de formación de los niños y niñas del país contra la violencia de género y la promoción de relaciones saludables.


Asimismo, no hay una atención pronta para los casos o amenazas de violencia vividas cotidianamente por las mujeres, tampoco se ofrece seguridad de refugio ni alternativas de sustento a las mujeres y madres desempleadas en condiciones vulnerables. Cuando lastimosamente ocurren actos atroces de violencia hacia mujeres, que muchas veces culminan en femicidios, no se aplica una justicia pronta y efectiva. Tanto las víctimas como sus familias están en gran parte desamparados por parte de las instituciones estatales. Este fue el caso de Alison Bonilla, desaparecida desde principios de año, cuya familia continuó su búsqueda mucho después de que el OIJ se diera casi por vencido. Por esta razón, desde el movimiento de mujeres y las familias que perdieron a sus hijas, madres y abuelas, se exige la destitución de Walter Espinoza, y toda persona que se interponga a las denuncias e investigaciones de femicidios, al igual que todos los encubridores de violadores y asesinos.


Por otra parte, de un Estado capitalista nunca existirá una verdadera intención de eliminar los problemas de las mujeres trabajadoras. Por ejemplo, con el contexto de pandemia la clase trabajadora se vio gravemente afectada por una serie de medidas que tomó el gobierno para rescatar al gran capital (a petición de la UCCAEP). Esto se encuentra afectando primordialmente a las mujeres quienes hoy son más de la mitad de las cifras de desempleo, continuando así el ciclo de la feminización de la pobreza.


Asimismo, con respecto al tema de la prostitución y la trata de personas, no podemos esperar del Estado una campaña por la erradicación de estas prácticas. El propio Estado se beneficia de la explotación sexual de estas mujeres y niñas. Es por medio de un movimiento de mujeres clasista e independiente del estado que podemos lograr una verdadera campaña que garantice condiciones dignas, al igual que educación, vivienda y trabajo, para así romper con los ciclos de violencia machista brutal a la que las mujeres trans y cis se ven expuestas.

También, se da una continuación de prácticas machistas con la violencia obstétrica en los hospitales estatales, esto genera situaciones de estrés y trauma innecesarias a mujeres en un vulnerable estado de gestación o parto. Además, en diferentes zonas del país hay un limitado acceso a anticonceptivos de calidad para las mujeres de todas las edades que lo ameriten. Esto es muy necesario en un país que hasta la actualidad conserva la esterilización femenina como el método anticonceptivo más utilizado.


El Estado costarricense, en su unión con las iglesias y la burguesía, es fiel promotor de la maternidad forzada de niñas y mujeres. La aprobación de la norma técnica; una migaja otorgada por el PAC, sigue sin existir un acceso a la terminación de un embarazo por violación, por la inviabilidad del feto o por defectos congénitos severos. Es decir, se obliga a parir a niñas violadas hasta por sus familiares o por sus “parejas” que en ocasiones les llevan 10, 15 o 20 años de diferencia.


Ahora, la Comisión de Juventud, Niñez y Adolescencia de la Asamblea Legislativa quiere dictaminar el Proyecto de ley de derechos del niño y la niña por nacer, que pretende reconocerle derechos a tejidos fetales sobre los de la persona gestante, es decir, en esencia este proyecto de ley quiere traerse abajo el aborto terapéutico, que significa que se puede realizar a mujeres cuya vida corre peligro si se lleva a termino el embarazo. Esto significa que la comisión, que no representa ni a la niñez ni a la juventud ni a la adolescencia, quiere otorgar más derechos a un feto que a una mujer formada, con vida, sueños, sentimientos, en general un ser humano completo. Quiere eliminar la decisión de mujeres que enfrentan la muerte.


Sería mejor que el Estado se ocupara de la atención temprana de la violencia, que en muchos casos lleva a abortos forzados o involuntarios productos de golpes o patadas de los agresores. O se asegurasen que las mujeres no tengan que parir en ambientes violentos que atentan contra la seguridad de la madre y la criatura. Pero, la función principal del Estado es garantizar la acumulación capitalista, perpetuando la explotación y la opresión de las masas. A diferencia de la falsa dicotomía entre Estado “presente” o “ausente”, el capitalismo es un régimen de despojo y violencia sistemática de las masas por el capital y su Estado. La conclusión, por tanto, es que el Estado es responsable por ser la piedra angular de actividades que contribuyen a perpetuar la opresión de la mujer.


Esto nos lleva a la irresponsabilidad por parte del gobierno de no reconocer la problemática de salud pública que representan los abortos clandestinos. Debemos dejar los argumentos de visión corta que piensan que con prohibir a las mujeres el aborto, de alguna manera se detiene. La realidad es que desde el origen del ser humano, las mujeres tenemos agencia sobre nuestros cuerpos. Entonces, si realmente queremos abortar, vamos a abortar. Por esto es que las ricas pueden pagar grandes sumas aquí o en el extranjero para remover su problema, y las mujeres obreras tenemos que recurrir a prácticas clandestinas y riesgosas que pueden llevar a nuestra muerte.


La inminencia de una salida clasista.


Exigimos el ABORTO LEGAL, SEGURO Y GRATUITO en hospitales públicos. Sin embargo, no nos dejemos llevar con la idea de que esta exigencia se trata de una medida de salud pública únicamente. La lucha por el aborto legal va mucho más allá de eso, ya que el aborto exigido bajo las condiciones de libre, legal, seguro y gratuito se convierte en un reclamo especifico de las mujeres trabajadoras, en el sentido de que es una lucha por arrancarle a la burguesía el control que tienen sobre la reproducción de la mano de obra, dando así un golpe contundente al capital. Si se reduce a una cuestión de salud se borra todo el contenido de clase de la lucha. Es importante reconocer que las mujeres con más de un hijo o hija son las que más frecuentemente recurren a prácticas abortivas, o bien recurren a la esterilización como único método anticonceptivo disponible. Tampoco debemos deslegitimar a mujeres que toman la decisión de no tener hijes del todo, ya que lo único que están haciendo es ejerciendo su derecho de decidir sobre su cuerpo y su vida.


Por esto, el 25N debemos salir a manifestarnos contra todas las instancias de violencia machista, y recordar que es el Estado Capitalista/Patriarcal el que reproduce y perpetúa la violencia misógina sistemática. Esto no implica que el patriarcado tenga existencia previa al capitalismo ni que funcione como sistema autónomo. Siendo el capital el que organiza la explotación bajo un modo de producción concreto, el patriarcado no puede ser nunca un sistema de explotación autónomo al capitalismo sino, por el contrario, la opresión de la mujer, una arista más de la dominación burguesa.


El Estado y el capital han tendido a reducir sus costos, presionados por la crisis mundial de las últimas décadas, pero especialmente en la coyuntura de pandemia. Han retrocedido en conquistas de socialización de las tareas de cuidados, reforzando las tareas de la reproducción de forma gratuita sobre la familia obrera. Somos las mujeres más desposeídas quienes entendemos que este gobierno se beneficia de nuestra explotación y que los derechos no caen del cielo sino del arduo esfuerzo de la lucha.


Marchemos el 25N por la organización de un movimiento de mujeres independiente de la Iglesia y el Estado, contra las variantes del feminismo liberal que pretenden fundir en un único movimiento a explotadoras y explotadas


D. Trocas.



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